Por Diego Marr
01 Septiembre, 2020
El día en que mis canciones dejaron de ser demos
Muchas veces pensamos que la música nace el día en que una canción sale al público. Yo aprendí que, en realidad, algunas de las emociones más intensas ocurren mucho antes. Suceden dentro de un estudio, cuando una idea que ha vivido durante años en tu cabeza finalmente encuentra la voz que siempre tuvo.
Después de casi tres años de preproducción, ese momento por fin llegó para mí. Las dos primeras canciones del proyecto, “Caminando, Caminando“ e “Imposible“, entrarían al estudio para ser grabadas, mezcladas y masterizadas junto al productor Alexander Pérez.
Sin embargo, esta historia comenzó mucho antes. Todo empezó una noche en Big Bear, cuando mis amigos, integrantes de la banda The Traveling Fools, me invitaron a tocar el bajo eléctrico. Entre conversaciones le comenté a Alex que llevaba varios años escribiendo canciones y que algún día quería grabarlas profesionalmente.
Saqué mi teléfono y le mostré algunos demos. Después fue él quien me enseñó algunas de sus producciones y, mientras las escuchaba, pensé de inmediato: “Así quiero que suenen mis canciones.”
Pasaron algunos meses antes de que ambos pudiéramos retomar la conversación. Cuando finalmente le envié todos los demos, los escuchó con calma y coincidimos en algo desde el principio: “Caminando, Caminando“ debía ser la primera canción. Era una decisión lógica. Estaba prácticamente terminada y era la mejor manera de comenzar a construir el sonido del proyecto.
El primer paso fue la batería. Alex me recomendó al maestro Alan Ramos, un baterista de sesión peruano. Después de escuchar algunos de sus trabajos, entendí inmediatamente por qué insistía tanto en él: tenía exactamente el estilo que la canción necesitaba.
La batería ya estaba prácticamente escrita desde la preproducción. Cada redoble, cada acento y cada detalle existían desde hacía años. Pensé que Alan simplemente seguiría la guía, pero hizo mucho más que eso.
Respetó absolutamente la esencia de la canción mientras encontraba pequeños espacios para aportar su propia personalidad. Fue una lección que volvería a repetirse durante todo el proyecto: los grandes músicos no cambian una canción; la elevan.
Con el bajo ocurrió algo parecido. Mi primera intención era invitar a Daniel Gómez, con quien llevaba muchos años tocando y grabando, pero por cuestiones de agenda y distancia no fue posible. Decidí grabarlo yo mismo.
Durante la sesión, Alex me hizo una sugerencia que terminó cambiando completamente el sonido de la canción.
¿Y si probamos un Fender Jazz Bass?
Toda la preproducción había sido grabada con mi Yamaha de cinco cuerdas. Bastó tocar las primeras notas para entender que tenía razón. El Fender aportaba exactamente el carácter y la profundidad que la canción necesitaba.
Con las guitarras ocurrió algo similar. Aunque ya tenía grabadas todas las partes principales durante la preproducción, sentía curiosidad por escuchar cómo otro guitarrista interpretaría mis ideas. No buscaba reemplazarlas, sino descubrir algo que yo mismo no podía ver.
Alex me presentó al maestro Luis Zavaleta. Su precisión y su forma de tocar ese estilo de guitarra funk con un enfoque percusivo hicieron exactamente lo mismo que Alan había logrado con la batería: respetar la idea original mientras aportaban una identidad propia. Eso terminó enriqueciendo enormemente la producción.
Durante esas sesiones aprendí algo que nunca había experimentado. Un estudio de grabación no solo registra notas; también captura momentos. Hay interpretaciones que simplemente no vuelven a repetirse.
Por ejemplo, la voz que había grabado durante la preproducción de “Caminando, Caminando“ tenía un nivel de dolor que nunca pude volver a interpretar exactamente igual. Canté las mismas palabras, utilicé el mismo micrófono y seguí la misma melodía, pero las emociones nunca se manifiestan dos veces de la misma manera. Y eso también forma parte de la música.
Con “Imposible“ el proceso siguió un camino diferente. Para la batería invitamos al maestro Javier Honorio. Antes de grabar hicimos varios cambios en los arreglos que retrasaron un poco el proceso, aunque terminaron mejorando enormemente la canción. Curiosamente, de las tres tomas que grabó, la primera fue la definitiva.
Para el bajo volví a intentar grabarlo yo mismo, pero esta canción necesitaba otro enfoque. Alex propuso invitar al maestro Ricardo Zárate, quien después de escuchar el demo recomendó utilizar un Yamaha Billy Sheehan Signature y tocar con uña en lugar de dedos. Tenía razón. El bajo adquirió una fuerza completamente distinta y terminó convirtiéndose en una pieza fundamental del sonido final.
Las guitarras volvieron a pasar por las manos de Luis Zavaleta. Incluso el solo principal, que yo ya consideraba terminado, terminó adquiriendo pequeños matices que hicieron que la versión definitiva sonara todavía mejor.
El único momento realmente complicado llegó cuando tocó grabar las voces. Estaba completamente ronco y llevaba varios días con una tos seca. Alex incluso llegó a preguntarme si podía tratarse de COVID, pero por fortuna no era así.
Después de varias tazas de té, mucha agua y unas horas de descanso, mi voz comenzó a responder. Grabamos con un Neumann TLM 49 y todavía recuerdo la sensación cuando escuchamos las primeras tomas. Ahí estaba. Ese era exactamente el sonido que había imaginado durante tantos años.
Mirando hacia atrás, entiendo que este proyecto nunca trató únicamente de grabar dos canciones. Se trató de aprender a confiar en otros músicos, en un productor y también en el proceso creativo. Descubrí que una canción puede convertirse en algo mucho mejor cuando deja de pertenecer únicamente a quien la escribió.
Después de casi tres años de trabajo, “Caminando, Caminando“ e “Imposible“ dejaron de ser simples demos. Por primera vez, sonaban exactamente como siempre las había escuchado en mi cabeza. Y esa es una sensación que jamás voy a olvidar.
Fin del relato.
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