Por Diego Marr
01 Octubre, 2020
Buscando el lugar donde cada canción cobraría vida
Muy pronto entendí que una canción no siempre termina cuando sale del estudio de grabación. Algunas siguen creciendo mucho después, cuando empiezas a imaginar los lugares, los colores y las imágenes que ayudarán a contar la misma historia desde otra perspectiva. Así comenzó mi búsqueda de los escenarios donde, años después, cobrarían vida los primeros videoclips de este proyecto.
Desde el principio tuve claro que no quería limitarme a lanzar canciones. Mi intención era construir una experiencia completa alrededor de cada una de ellas. Además de producir un video musical para cada sencillo, también imaginaba mostrar el proceso creativo detrás de las grabaciones: entrevistas, sesiones en el estudio y pequeños momentos que normalmente permanecen ocultos, pero que también forman parte de la historia de una canción.
Con esa idea en mente, el equipo comenzó a recorrer distintos lugares en busca de escenarios que transmitieran la misma emoción que la música. El primer destino fue el desierto de Mojave, en California. Inicialmente habíamos considerado grabar en Joshua Tree, donde algunos amigos músicos ya habían filmado sus videoclips, pero varias recomendaciones de fotógrafos nos convencieron de comenzar nuestra búsqueda un poco más al norte.
Elegimos el primer fin de semana de septiembre de 2020 sin detenernos a pensar en dos detalles importantes. El primero era que todavía hacía un calor extremo en el desierto. El segundo, que coincidía con un fin de semana largo, justo cuando muchas personas decidían salir después de meses de confinamiento por la pandemia.
Encontrar un lugar donde dormir terminó siendo mucho más difícil de lo que imaginábamos. Después de recorrer varias carreteras y encontrar hoteles completamente llenos, finalmente conseguimos un pequeño motel ubicado aproximadamente a una hora de la entrada del parque. A la mañana siguiente nos levantamos antes del amanecer con la esperanza de aprovechar las horas más frescas del día.
No tardamos en descubrir que el desierto tiene sus propias reglas. A las seis de la mañana el termómetro ya marcaba cerca de 35 grados centígrados y, poco después, la temperatura superaba los 50 grados. Tampoco había señal telefónica ni gasolineras cercanas, por lo que cada letrero insistía en llevar suficiente agua y el tanque de gasolina completamente lleno.
Mientras recorríamos aquellas carreteras casi vacías comprendimos que sería imposible explorar todo el lugar en un solo viaje. Decidimos detenernos cada vez que encontrábamos un paisaje interesante, tomar fotografías y registrar cada rincón que pudiera servir para futuros videoclips. Aunque el calor limitó bastante nuestro tiempo de exploración, regresamos con una colección de imágenes y, sobre todo, con muchas ideas.
Aquella experiencia también nos enseñó que la planificación era tan importante como la creatividad. Si algún día volvíamos, tendríamos que llegar mucho más temprano y utilizar un vehículo preparado para recorrer caminos sin asfaltar. A veces, incluso los errores terminan formando parte del proceso creativo.
Poco tiempo después viajé a Atlanta, Georgia, buscando una estética completamente diferente. Siempre había escuchado que era uno de los centros de producción audiovisual más importantes de Estados Unidos y un buen amigo, dedicado a la industria del cine y la televisión, me confirmó que allí existían escenarios muy interesantes para filmar.
Atlanta me sorprendió por completo. Mientras el desierto ofrecía paisajes abiertos y una sensación de inmensidad, allí encontré bosques, caminos rodeados de árboles y una atmósfera totalmente distinta. Muy pronto comprendí que no estaba buscando locaciones para dos canciones; estaba descubriendo escenarios para todo un álbum.
Con el paso de los años, muchas de aquellas fotografías, anotaciones e ideas terminarían convirtiéndose en parte de los videoclips de Imposible, Caminando, Caminando y de otras canciones que formarían Lo Que No Existe. Algunas locaciones cambiaron, otras permanecieron exactamente como las imaginé aquel día, pero todas nacieron durante esos primeros viajes.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que aquellos recorridos nunca fueron simplemente una búsqueda de paisajes bonitos. En realidad, estaba buscando lugares capaces de transmitir lo mismo que intentaba expresar con mi música. Porque, al final, una canción también puede contarse con imágenes, y a veces basta encontrar el lugar correcto para descubrir que la historia ya estaba ahí, esperando ser vista.
Fin del relato.
¿Quieres leer el próximo relato antes que nadie?
Recibe nuevos relatos, canciones inéditas y acceso anticipado a conciertos directamente en tu correo. Y acompáñame mientras este proyecto sigue creciendo, canción por canción y concierto por concierto.
Forma parte de la comunidad y recibe antes que nadie nuevos relatos, canciones y acceso anticipado a conciertos.





